Acuarelas y objetos artísticos

Sobre el pintor

        Así como la poesía siempre me ha parecido la cenicienta de la literatura, la acuarela, pese a su bagaje de siglos a través de la historia y de los continentes, es la cenicienta de la pintura. Muchos la toman de la mano creyendo que el camino de la plástica se les hará menos enojoso, pero se equivocan. Alcanzar la difícil facilidad de Ángel Cabrera es casi un milagro, y más aún, cuando se abandonan los cánones en el modo de manejarla. Sus acuarelas  están  realizadas con primor, con un laborar meticuloso de orfebre, de entomólogo, pero sin manierismos. Mantienen la espontaneidad. El encanto es evidente. La delicadeza su perfume. Amor y acuarela mano a mano.

 

          Con tonos ocres y calidos, casi de pintura al pastel, crea ambientes tibios, impregnados de nostalgia. En una faceta de su obra nos reencontramos con lo que fue, vestigios, huellas dejadas por el tiempo ido. Muros, vigas, bancos, techos, puertas, rincones, testimonio remanente de habitantes, de lugares que estuvieron  plenos de palabras, de risas, de tristezas. Hoy es el silencio Quedan sombras y penumbras. El pintor ha traído al papel puertas que tuvieron su razón de ser, pero que ya ni se abren, ni se cierran para ir, salir o proteger. Atmósfera cargada de melancolía, de romanticismo. Frente a cada cuadro, nos quedamos parados, como ante un espejo mágico inductor de múltiples preguntas sobre la existencia y nuestra presencia en ella.

 

          En su otra faceta temática, recupera lo que nos queda de patrimonio, como si pretendiera exorcizar la locura de los promotores inmobiliarios, del cemento a ultranza en alas del capital sin miramientos ni escrúpulos. De nuevo el romanticismo y la nostalgia investidos de lirismo están ahí.

 

          Al fin, para mi satisfacción subjetiva, y la de otros, hay una casita, de la cual solo se ve un poco de su muro y de tejadillo cubierto de veroles, a dios gracias lejos del tópico insoportable de la casita encalada, arropada por buganvillas, chumberas, la parra, la pitera y el drago, con calidad de producto turístico y realización dominguera.

P. Lezcano.